Detrás del hecho de que la cultura se vuelva objeto de política pública hay una decisión radical, brígida. Trasladando esa decisión al quehacer televisivo de nuestro "hoy", además de todas las weás que uno lee en montones de libros malos, que le resultan obvias cuando ve TV, es que si uno no se preocupa de trabajar por la emergencia de unos nuevos formatos y unos nuevos contenidos que innoven política y moralmente en cómo se produce culturalmente hoy, casi mecánicamente y sin darse cuenta uno queda arrinconado en una posición no sólo "servil" sino que a veces incluso de vanguardia para el fortalecimiento del mismo bloque que hizo interesadamente de una "contracultura" una cultura "oficial", manteniendo sus formas, pero transformando su carácter.
A lo que voy es que es imposible no enviar una señal. Ya lo dice el genio que sigue haciendo ganar a la Concertación, Eugenio Tironi: es el mundo en el que nos toca vivir; pero más profundo que eso, la idea es que no existe iniciativa sin política, no hay iniciativa que aunque de modo irreflexivo ocupe una posición objetivable en función de un conflicto histórico concreto. Y estos weones, que la venden de la onda juvenil y la mula, no son más que eso, parte de la cultura oficial, parte de los vejetes pencas y rancios, weones sin esperanza, autorreferentes y todas esas cosas malas. Me sorprende cómo, a pesar de que exista un intento de reflexión en torno a esto de parte de ellos mismos, ninguno se de cuenta cuán profundo ha calado en nuestra forma de entender el mundo el bloque que gobierna.
Después, más encima, se ríen del resto... no hay respeto por nada.
viernes, 19 de junio de 2009
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